Tarde sombría, en la que el sol apenas alumbra y la soledad reina en el lugar. Una lluvia de hojas secas cae de los árboles y el viento levanta en remolino la mustia hojarasca. Una pequeña niña se divierte recogiendo hojas y flores secas para guardarlas en una caja de cartón. Cierto día le pregunté por qué lo hacía y ella respondió: -Lo hago porque me gusta cuando caen sobre mí y tocan mi rostro; lo hago porque cuando sea grande no voy a sentir lo mismo, lo hago simplemente porque amo el otoño.
(Texto seleccionado en el IX Concurso de microrrelatos "Otoño e invierno", Diversidad Literaria, Madrid/Año 2025)