Ella pensaba que todo era normal. Sus llegadas tarde a casa y el hecho de ducharse antes de ir a la cama formaban parte de la rutina diaria después de trabajar. Ella amaba a su esposo más allá de lo normal. Había aprendido a callar y a no indagar. Y mientras tanto, en su almohada, anidaba un mundo que ella solo conocía, un mundo lleno de quejas, dolor y lágrimas, y donde quedaba plasmada la huella de cada golpe que él le propinaba y que ella estoicamente aguantaba y callaba.
(Texto seleccionado en el X Concurso de microrrelatos sobre la mujer "Ellas",
Diversidad Literaria, Madrid/España, 2025)

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