Su
presencia se hizo sentir en la habitación y su cuerpo cubría por completo el de
la mujer ajena. Su mano escudriñaba cada punto de su geografía en busca del
tesoro. Y mientras, la luz de la luna se dejaba colar por la ventana, indicando
el camino a seguir por el filibustero que vino a robar no solo la joya más
preciada de la mujer prohibida, sino el beso más ardiente y deseado por él
durante toda su vida.
(Texto de mi autoría seleccionado en el I Concurso de microrrelatos "Entre piratas anda el micro", Diversidad Literaria, Madrid / Año 2022)
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